Llegamos al territorio barriomuertino por suerte. Un aviso en un periódico nos dió el paradero de este mundo. Que tiempos aquellos... pensar que el Rucio no era nuestro amigo, sólo un compañero al que utilizamos para llenar la vacante del departamento "B", que días antes habíamos conocido en pinturas. Llegamos hasta acá en una carroza piloteada por un huaso sádico, que contaba con propiedad que la zona a la que llegaríamos era de lo más sanguinaria.Subimos a su nave, cargados con lo necesario para sobrevivir. Colchones, muebles, algo de ropa eran nuestras armas. Llegamos de noche y cansados a la villa, a nuestro paso las gentes proclamaban cánticos de gozo y nos regalaban cerveza fina de miel para celebrar. Festejando y bebiendo se hizo de madrugada... es así como empezó todo...
La vida acá es especial, es mágica y llena de sorpresas.
La Señora pajera, o pajerita para sus amigos, nos bendijo con su saludo amable, invitándonos a recorrer el imperio. El automóvil naranja en la calle (sin ruedas, ni ventanas, ni techo) nos llevó a dar un paseo y tomamos contacto visual con gran parte de los lugareños. Qué gente! que emoción! Maldito Huaso!, pensé: "en su prejuicio quiso destruir la belleza del paraje... que el señor y la virgen lo castiguen, vil demonio, arrepentíos!!!
Desde ese día comenzó la existencia y la libertad para nosotros "lo tres estudiantes".
Dios bendiga al reino de Barrio Muerte!